sábado 10 de octubre de 2009

Visiones del tren






I. La estación



Me gusta caminar, deambular,
errar con rumbo, ser un tren nocturno,
sentir bajo los pies la desnudez
reseca del cemento congelado
en las calles desiertas, coincidir
con el silencio decadente y líquido
que aguarda en los semáforos borrachos
y en las fuentes ausentes,
con la respiración difuminada
del sol crepuscular,
esa trémula luz que bosteza en el aire
mientras la ciudad duerme en la distancia
y sólo los pardales y los gatos
hacen algo importante por la vida.



Siento la arista abierta de la helada
atenazar sus labios en jirones
de carne de mi rostro
-aliento de mordazas y de dientes-,
y un leve escalofrío de puñales traidores
en los puños inhóspitos de la chaqueta escasa
por donde se desbordan temporales
de espasmos subrepticios como látigos húmedos,
que me incomodan, me destemplan, buscan
el íntimo calor que sobrevive
en esta noche ferroviaria y mía,
en esta oscuridad de vino y tren
que pretexta y ampara
mis incursiones al poder del frío.



En la estación de luces y vapores
está vacía la cantina vieja,
aunque el estruendo de bombillas sordas
y de estresantes tragaperras mudas
-gritos de luz intermitente, flashes-
irrita mis oídos y mis ojos,
llenándolos de ruidos y espejuelos difusos,
de nubes de sonidos luminosos
y ciegas pesadillas de una abstracta
luz de resaca que devasta el tiempo
a estériles cabinas y kioscos de flores,
a los platillos, cucharillas, tazas
que abarrotan de brillo mostradores
y máquinas de zumo y bocadillos.

Como si todos los expresos trenes
hubiesen concertado la salida,
llenando de vacío los pasillos.




II. La llegada




¡Que viene el tren!.., y estalla la energía,
el trajín que precede a la arribada,
la viva ceremonia articulada
del hierro catenario en sinfonía.

Despierta la estación que adormecía
con sueños de maleta apresurada,
y asoma alguna lágrima escapada
llorada por adiós o de alegría.



Llega el convoy con tiempo cada día
al juicio del andén y la parada,
exhausto, celebrando galería

de vagones que escriben la mirada
del Tiempo estacionándose en la vía,
volviendo a inaugurarse en la llegada.




III. El tren espera




Observo a los viajeros que consumen
los últimos instantes de la espera
con ansiedad o calma. El maquinista
comprueba los manómetros, los pernos,
ajusta los reglajes de tracción
con minuciosa diligencia exacta;
los agentes accionan las agujas,
se calibra el encaje de las bridas,
las órdenes circulan, el reloj
apura su desgana bajo el brillo
de luces que provienen de altos báculos
que parecen llorar;
suena un golpe metálico, una barra
estridente que anuncia la partida.



Resucita el trasiego de cosas y personas
en el andén cubierto que resguarda y preserva
del exceso de nieves o de lluvia,
del sol imperativo,
de polvo de traviesas y balasto,
de oxígeno glacial en las heladas,
del viento irracional en los pretiles
desnudos de hormigón.
Se agita, bulle, vibra un eco sordo
de voces que se cruzan, se solapan,
se amalgaman, se funden en babeles confusas
a lo largo del cuerpo articulado
que expresa su impaciencia con murmullos
eléctricos y nervios convulsivos.

El tren es un imán para el sonido.



Los vagones se pueblan de saludos
y de adioses escritos en los ojos;
dicen adiós también las portezuelas,
las bielas de las ruedas, las balizas
luminosas que cambian de color
sobre el telón de negro fondo en la noche negra
que envuelve al tren en frío.
Niños inquietos juegan, chillan, entran,
salen, ajenos al momento; ríen;
impregnan con sus risas cada eco
apartado de bancos y macetas.
Algún soldado solitario duerme
con cansancio y destino de cuarteles
la penúltima hora de permiso.

Una pareja se da un beso eterno:
las manos nunca quieren despedirse
de las manos que besan.



Finalmente, se escucha la señal
que ordena la salida,
y el tren arranca con pereza grave,
con determinación absoluta y perfecta
de mecanismo vivo autoportante,
con vocación de inercia semoviente,
con engranaje, automatismo, fábrica
alongada que activa sin fin su propia fuerza,
precipitándose a un abismo plano
de horizontal impulso,
de gravedad motriz que se acelera
vertiginosamente en los raíles
decididos que huyen al punto de evasión
donde mueren las líneas paralelas.




IV. La partida


EL TREN EN MARCHA escribe la poesía experta
que el llano solitario de ritmo consonante
expresa en cada poste tendido en el constante
paisaje repetido tras la ventana abierta.

Con rima de traviesas, en vía descubierta,
va recorriendo estrofas de metro itinerante,
creando las metáforas que alojan el instante
que flota tras su paso por la estación desierta.



Los furgones son versos de regular cadena
que avanza articulándose con cadencia mecánica
por el sobrio cuaderno de meseta oceánica.

Océanos inversos, sucesión que se ordena
en sistema y camino, en espacio y mensaje,
en destino y poema viajando al lenguaje.


lunes 3 de agosto de 2009

Los trajes de pernada





Un nuevo caso en la historia
del enigma jeroglífico
tuvo lugar en España,
con carácter de científico.

Le ruego que escuche atento
este caso singular.
Es un punto de inflexión
que tal vez le haga pensar.

Sucedió que un cierto día
fue noticia de portada
un Presidente autónomico
por unos trajes de nada.

Se decía en los diarios
que un "presunto" regalaba
vestimentas muy medidas
por buen sastre que cortaba.

Y que, entre los agraciados
del obsequio suntuario,
figuraba un Presidente:
Don Francisco Funcionario.

Ante tal imputación
que cuestionaba su crédito,
el "calumniado" entró en cólera,
y por no quedar inédito

dijo en voz alta, bien fuerte:
"Ese traje fue abonado
a cargo de mi pecunio.
¡Miente aquel que me ha injuriado!"


***************


(Avocáronse los jueces
para fallar en derecho,
y miraron sabiamente
si había obrado cohecho)


****************

"No encontramos fundamento
para penar un soborno.
¿Quién pagó los trajes?.. Huelga,
dicho sea sin bochorno"

Y en este punto del cuerpo
de tal sentencia evacuada,
nació el enigma famoso
de los "trajes de pernada",

pues nunca, al final, se supo
ni se pudo averiguar
si eran de "tela" los trajes,
o es que todo era un telar.





sábado 1 de agosto de 2009

Mar viejo







En toda ola, el mar escribe un verso
cuando rompe en espuma de sonido,
porque revive el ruido contenido
en cada gota a modo de universo.

En cada átomo de ola, inverso
va grabado el poema estremecido
del cosmos inicial al ser herido
por el borde del tiempo en su reverso.

El mar que llega ahí, ya es mar pasado.
Viene desde distancias intangibles;
a olas-luz de mí: de allí ha llegado

en ondas de tensiones insensibles.
Como mar viejo, vuelve derrotado
del viaje hacia las aguas imposibles.




Museo







Como relojes blandos cuya hora
quedó fosilizada entre los pliegues
oníricos del tiempo,


como tubérculos maduros, frutos,
personificaciones vegetales
de órganos y miembros estrambóticos
que dan sentido al caos,


como jofainas y corderos blancos,
naturalezas muertas incendiadas de luz
que resucitan en las sombras densas del negro
atrapado en la línea,


como guitarras tristes, como jaulas abiertas
que alojan a fantasmas de arlequines perdidos
entre compases y baúles llenos de antiguos crucigramas...




como vírgenes cuánticas que ascienden
a las lisérgicas estancias plenas del Sol,
entre arrebatos de colores sacros
que enervan en la lágrima la sal,


como adustos hidalgos y mastines,
portadores del rictus y del timbre del siglo
a orillas de un entierro cuyo muerto es retrato
y memoria del ruido congelado
en la voz de la historia,


como habitantes mudos de salones oscuros,
donde el espacio huye a los umbrales
profundos que se adentran en tinieblas,


absortos en posar para un instante
de luz que va en viaje hacia el futuro.




viernes 31 de julio de 2009

Sátiras contra el horror





Era más falso que una burra vieja.
Más repulsivo que una rata gris;
tan repugnante como olor a pis
de gato; más rüin que una corneja.

Era rufián de condición añeja
que se emplumaba en un hediondo lis
para ocultar que no guardaba un luis
en el jubón de múrida pelleja.

Mucho juraba por doquier negocio
con grave trueno y aspaviento en manos,
como preso en espeso sacerdocio

de intereses bastardos y villanos,
que exigiesen el cese de su ocio
para ir a vender a sus hermanos.


* * * * * * * *


Un farsante muy versado
en oficio de falacia
me contaba, entusiasmado,
este suceso sin gracia
que dejo aquí trasladado.

Sucedió que, con audacia,
un cierto cojo lisiado
se superó en contumacia
al caminar sin cayado
montañas arriba hacia:
Lázaro resucitado.

"¡Que sané la pertinacia
del tendón agarrotado!",
pensó, al ver la eficacia
con la que había curado
la atrofia de su autocracia.

"La parálisis reacia
que en mi pierna se había anclado,
¡es ahora la acrobacia
de mi vuelo engalanado!

¡Vuelve en mí la democracia
del brincar desmesurado!...

¡La feliz aristocracia
de correr de lado a lado
con ninguna diplomacia!...,
¡como toro desatado!"

Y así, tan simple farmacia
de su albedrío otorgado,
fue milagro y verbigracia
para el cojo afortunado
que sin ley ni burocracia
llegó a saber del estado
de hartura que nada sacia.

La cojera... era el cayado.





ETA ez, ETA no!




En el nombre del padre, ASESINAR,
con desprecio absoluto de la vida,
con el ansia viciosa de la sangre
derramada a granel y sin motivo.

Con el odio en las manos, DESTRUIR,
minar y socavar los fundamentos
del orden natural entre las gentes
pacíficas que quieren desarrollo.

Inventando la Historia, SOMETER,
uniformar, ceñir, cortar las alas
del hombre que pretende emanciparse

del eterno castigo de AGUANTAR
la odiosa imposición de los tiranos,
bien sea por la "patria" o el "dinero".


NO AL FASCISMO CRIMINAL DE ETA!

lunes 27 de julio de 2009

A cal y llanto







Ni encuentro las palabras convenientes
que ilustren mi sonrojo cuando veo
que a Cristo le han llamado fariseo
algunos mercachifles indolentes,

ni tengo los recursos suficientes
para aplacar el torpe balbuceo
que aborta este marasmo sin deseo
de estragar con venganzas contundentes.

Estupor, pasmo, asombro, rabia, espanto...
ansiedad de adjetivos; es mi boca,
que se llenó de yeso y desencanto

cuando probó en el ácido de roca
el retrogusto a arena, cal, y llanto,
y supo que la tierra estaba loca.





sábado 25 de julio de 2009

Mirándome al espejo






El sol me sobrecoge cuando extiende
su abrasivo poder en mi cabeza:

un yermo gravital, una atadura
de pesos invisibles y de cuerdas
ásperas, tensas, hoscas, huecas, rígidas,
me uniformiza y me hace ser un plano,
un peso muerto, un árbol ebrio, un vértigo
desenfocado, un arco que se cae...

Y mi mentira vuelve a ser el cristo
vocal que aprieta cada nudo suelto
con gritos denunciados a la niebla,

por rayo propagado en la madera
con la impotente voz de arena opaca
que estride en la dentera de la tierra.




sábado 27 de junio de 2009

Homenaje a Victoriano Crémer






Vivió discretamente y con holgura
los años de aquel siglo tan violento,
el tiempo descarnado y macilento
escrito en encerado de amargura.

Escrita nos dejó la cuadratura
del círculo de un Dios seco y exento,
y el canto de un San Marcos virulento,
penúltimo y total en su angostura.

Se fue don Victoriano a su espadaña
un Junio de sanjuanes y feriados,
cuando el prado moría en la guadaña

y el pan brillaba en versos rastrillados.
Se fue Don Victoriano. Queda España
más huérfana, y sus hijos más callados.




MUSICA PARA EL POST

miércoles 29 de abril de 2009

Traduciendo a Dios




Si cupieses entero en un soneto
yo sería poeta en cada instante
que rimando contigo en consonante
te midiera por sílabas completo.

Copiaría tu voz sin alfabeto
en mi verso prosaico, inelegante,
para oírme en la sombra sofocante
de tu árbol melódico, discreto.


Buscaría en tu verbo a ese sujeto
que se esconde en la bóveda de prosa
de cóncava poética e intradós.

Tú serías la rima, amigo Dios,
si supiese llamar a cada cosa
como tú las designas en secreto.




MUSICA PARA EL POST

domingo 26 de abril de 2009

Homenaje a Antonio Pereira












Imagen: Diario de León Digital

.

Llegaste al filandón con grande esfuerzo
de letras y camino de andar duro,
como el río que vuelve al prematuro
manar de los hontanos de tu Bierzo.

Traías Poesía de refuerzo
y un centón de leyendas del futuro
en el hondo mirar de acebo oscuro,
en tu sordo gritar de puro cierzo.

Las llamas de la hoguera sonreían
oyendo el crepitar de las leyendas
que bierzos encantados escribían...

Hoy llora el filandón por ti, Pereira :
te fuiste con el humo, a tus ofrendas,
llevándote la voz a tu lareira.



Aquí


martes 21 de abril de 2009

Tiempo





Llegado desde un tiempo indefinido
que no ha tenido fin ni empezó un día
transcurro, en singular cronología,
contrario, en la autovía del sentido.

En el vano del péndulo resido
midiendo de la pausa la metría,
atento a toda nota de ucronía
inscrita en cada grafo del latido.


Absorto en ese gaje, mi sequía
no alcanza a comprender, Dios, tu descuido,
el día en que escribiendo Poesía

creaste los relojes y el olvido,
y al Hombre diste el alma, que sabía
que el Tiempo era tu sueño traducido.




MUSICA PARA EL POST

domingo 5 de abril de 2009

Céfiro de zafiros





Desciendo de tu nuca hacia el paseo
de sendas y autopistas que conducen
mis labios a tus hombros, que seducen;
recorro, identifico y olfateo

despacio el apacible mausoleo
de árboles y mármol en tu espalda,
el cuello de diamantes y esmeralda
que oferta la lisura del deseo.


Exploro cada palmo de tu suelo:
la sápida oronimia de tu piel
cautiva del extracto del clavel,

y el tacto de ciruela y caramelo
que hierve, con la alquimia de un proceso
de labios que me buscan para un beso.

* * * * * *

Creía que el amor agonizaba
cuando la luz se muere de fatiga
en la tarde rebelde y el crepúsculo,
justo en el lapso lento del ocaso.

Pero la luz renace en cada paso
que la noche recorre en el minúsculo
dormir de la lavándula y la espiga.
La luz es laboriosa abeja brava.

Vuelvo al camino llano de colmenas.
A los lagos abiertos y a tu frente
de terciopelo y fuego refulgente.

Vengo a tu mano, libre de cadenas;
llego con ansia, rompo, mato, muerdo...
Al ver tu luz -oh Luz- por fin me acuerdo.


Dedicado a L. D.



[MUSICA PARA EL POST]

sábado 7 de marzo de 2009

Hormigas vanidosas




¿Piensa la abeja obrera en religiones?
El zángano zumbón, ¿busca la gloria?
¿Hace la guerra en nombre de naciones
la hormiga peregrina y rogatoria?

¿Qué fosas abrirá para la Historia
el grillo guerrillero sin galones
que canta a la mañana con euforia
de escarchas y rocío en los terrones?

¿Qué poesía escriben los ratones?
¿Dónde los sapos lucen la oratoria
de un discurso de doctos Cicerones?
¿Qué premio alcanza el ave, qué victoria?

Tan sólo el Hombre cede a la ilusoria
fascinación verbal en sus flexiones,
absorto en la razón contradictoria
de ser él Dios, a salvo de razones,

oculto en un renglón de la memoria.



[MUSICA PARA EL POST]

domingo 22 de febrero de 2009

Poetas que cantan

-Foto Internet-



Como gasto papeles recordándote. (11)
Como me haces hablar en el silencio. (11)
Como no te me quitas de las ganas (11)
aunque nadie me ve nunca contigo, (11)

y como pasa el tiempo, que de pronto son años (14)
sin pasar tú por mí, detenida, (11*)
te doy una canción si abro una puerta (11)
y de las sombras sales tú. (9**)

Te doy una canción de madrugada (11)
cuando más quiero tu luz. (8)
Te doy una canción cuando apareces (11)
el misterio del amor, (8)
y si no, no apareces, no me importa; (11)
yo te doy una canción. (8)

Si miro un poco afuera, me detengo: (11)
la ciudad se derrumba y yo cantando. (11)
La gente que me odia y que me quiere (11)
no me va a perdonar que me distraiga. (11)

Creen que lo digo todo, que me juego la vida, (14)
porque no te conocen ni te sienten. (11)
Te doy una canción y hago un discurso (11)
sobre mi derecho a hablar. (8)

Te doy una canción, con mis dos manos, (11)
con las mismas de matar, (8)
Te doy una canción y digo patria, (11)
y sigo hablando para ti. (8)

Te doy una canción como un disparo, (11)
como un libro, una palabra, (8)
una guerrilla... (5)

como doy el amor. (7)

.

[Aquí]

.


Compañeros poetas, tomando en cuenta (12)
los últimos sucesos en la Poesía, (12*)
quisiera preguntar, (6)
me urge, (3)

qué tipo de adjetivos se debe usar (12)
para hacer (3)
el poema de un barco sin que se haga sentimental, (14**)
fuera de la vanguardia o evidente panfleto, (14)
si debo usar palabras como flota cubana (14)
de pesca (3)
y "Playa Girón". (6)

Compañeros de música, (7)
tomando en cuenta esas politonales (11)
y audaces canciones, quisiera preguntar, (14 ***)
me urge, (3)

qué tipo de armonía se debe usar (12)
para hacer la canción de este barco con hombres (14)
de poca niñez; (6)

hombres y solamente hombres sobre cubierta; (14)
hombres negros y rojos, (7)
y azules, (3)
los hombres que pueblan el "Playa Girón. (12)

Compañeros de historia, tomando en cuenta (12)
lo implacable que debe ser la Verdad, (12)
quisiera preguntar -me urge tanto- (11)

qué debiera decir, qué fronteras debo (12)
respetar si alguien roba comida y después da (12)
la vida, qué hacer; hasta dónde debemos (12)
practicar las verdades. (7)

Hasta donde sabemos. (7)

Que escriban, pues, la Historia, (7)
su historia, los hombres del "Playa Girón". (12)

.

Silvio Rodríguez

.

[ Aquí ]

sábado 21 de febrero de 2009

Arte antigua



-Foto Internet-


De lo que yo soy pa ti (8)
el mundo será testigo, (8)
de lo que yo soy pa ti. (8)

Y esto que haces conmigo, (8)
te tendrás que arrepentir... (8)
Queriéndote, te maldigo. (8)
¡Ay ay ay ay! ¡Ay! (-)


* * * * * * * * *


(de LO que YO so Y pa ti i Í i ) 11
(el MUN do SE ra TÉS ti GO o O o) 11
(de LO que YO so Y pa ti i Í i ) 11

(ES to que HA ces con mi o O o) 11
(te ten DRAS que Á rre PÉN tir i Í i) 11
(que RIEN do te mal DI go o O o) 11
(a- y a- y Á y... Á y ... y Ý y) 11


Camarón


¿Cantaba Camarón por endecasílabos de ritmo sáfico y polirrítmico la poesía popular?

Aprovecho que he encontrado en Youtube la interpretación clásica junto con Paco de Lucía de este fandango "De lo que yo soy pa ti" para que podáis escuchar la "entonación" que Camarón da a cada verso de esta composición. Alarga las sílabas de manera que salen, según mi oído, endecasílabos (no exactos exactos, pero muy aproximados). Observése cómo van marcados los acentos, por ejemplo en "testigo" y "arrepentir", donde se ven desplazamientos acentuales hacia la izquierda en los dos casos (sístoles)

No creo que Camarón hiciese voluntariamente esta transformación de versos octosílabos en endecasílabos, porque Camarón, pese a que cantó poemas de autores tan grandes como Federico o Khalid Gibran, no era poeta.

Lo que pienso (arriesgadamente, como siempre) es que el flamenco, lo sepan o no lo sepan los cantaores, es un arte poético que consiste en cantar un verso con la medida de otro.

Un arte olvidado, casi perdido, que se conserva entre otras razones porque Camarón tuvo la feliz idea de ir recuperando cantes y formas de cantar que conocía por haberlas escuchado a sus mayores y puso un orden a todo ello (ayudado por otros), y sanó al flamenco de una muerte a la que parecía condenado tras la desaparición de los últimos grandes cantaores (Caracol, Antonio Mairena..) que venían siendo depositarios de la herencia semiperdida del Flamenco. Esperemos que tenga continuadores.

Os dejo una versión de lo que he podido encontrar en Youtube. Es Camarón el que canta y Paco de Lucía quien toca la guitarra, aunque aparezcan imágenes de un señor tocando la guitarra. No miréis las imágenes.

( que me perdonen los "puristas")


[ aquí ]

viernes 20 de febrero de 2009

Taller de poesía (V): Manual básico de poesía. 7º.- El verso. Su ritmo (III)

Si la Poesía fuera una tarta o un pastel que se pudiera cocinar, el verso sería el molde donde verteríamos en sus justas cantidades, armoniosamente, los distintos ingredientes y aderezos necesarios para su confección; molde que posteriormente introduciríamos en el horno para completar la elaboración de tan deliciosa golosina. El molde, solemos decir, obra el pastel.

Ese molde, esa horma, esa matriz, ese modelo o paradigma, que todas estas palabras por ser sinónimas pueden y deben ser utilizadas para lo que vamos a tratar a continuación, ese "metro", en definitiva, es el verso.

El verso es el continente donde la poesía se manifiesta. El verso, el metro, sobre todo el denominado "de arte mayor", es un molde de estructura y formas inteligentes ordenadas a la consecución de la obra poética; la Poesía se obra en el verso.

La métrica, a través del estudio de los fenómenos del habla, como la sinalefa o el hiato, las pausas, los acentos u otras circunstancias, ha sistematizado adecuadamente todo un conocimiento con la finalidad de procurar que el lenguaje hablado se adapte al lenguaje escrito en la manera más fiel posible respetando todas las exigencias de la Gramática.


La Poesía se escribe para ser recitada vocal o mentalmente por terceras personas, como lo es la música, y es por ello que en su elaboración se deben respetar las convenciones establecidas (sinalefas y licencias) para que resulte lo suficientemente inteligible por cualquiera.

Todo el conocimiento métrico, finalmente, se condensa en el verso, en el metro. Tras una evolución de bastante más de dos mil años, el metro ha devenido en los actuales versos que estudiaremos en este manual. Hay muchas clases y clasificaciones de versos. La más general en orden a su tamaño, al número de sus sílabas, divide los versos en arte mayor y menor.

Son versos de arte menor los inferiores a nueve sílabas, y por consiguiente, de arte mayor los superiores a ocho.

Los de arte menor son versos cuya estructura es simple, debido a lo limitado del número de sílabas. Sólo los mayores entre estos, el octosílabo, el heptasílabo y el hexasílabo, presentan algún requerimiento en orden a acentos y ritmo.

Los de arte mayor presentan estructuras más complejas. Por ejemplo, el endecasílabo, de once sílabas, que toma hasta cuatro formas diferentes en atención a la colocación de los acentos dentro del verso.

El elemento determinante, ya lo vemos, es el acento. El acento produce el efecto de elevar el tono de aquellas sílabas sobre las que recae. Este efecto, repetido a intervalos más o menos regulares impone un ritmo: ALTObajoALTObajo.

"Que tenemos que hablar de muchas cosas,.." (11)

(queteNEmosquehaBLARdeMUchasCOsas)

En el ejemplo van en minúscula las silabas de tono bajo y en mayúscula los tonos altos. Se forma como una onda, que sube y baja. Vamos a representar esta onda con signos gráficos para que se pueda ver mejor:

[que(o) te(o) NE(Ó) mos(o) queha(o) BLAR(Ó) de(o) MU(Ó) chas(o) CO(Ó) sas(o)]

Como veis he asignado a las sílabas en tono bajo el signo (o), y a las sílabas en tono alto el signo (Ó). Vamos a extraer estos signos por su orden y los vamos a poner juntos:

[ooÓooÓoÓoÓo]

¿Veis ahora mejor la curva?: ..bajobajoALTObajobajoALTObajoALTObajoALTObajo..

Vamos a escuchar cómo suena. Con el dedo se da un golpecito sobre la mesa por cada signo; cuando sea signo de sílaba en tono bajo, un golpecito flojo; cuando tono alto, un golpecito el doble de fuerte. A ver, yo ya lo estoy haciendo: toc toc TOC toc toc TOC toc TOC toc TOC toc

¿Qué es lo que hemos escuchado? Hemos escuchado una sucesión de sonidos acompasados en mayor o menor medida, ordenados en alguna forma. Hemos escuchado al sonido elevándose cuando llegaba la sílaba de tono alto y disminuyendo al llegar la nota baja. Hemos escuchado un ritmo, el ritmo de un verso.

Pensad que el ritmo aplicado a un solo verso dice muy poco; pero si se aplica a una sucesión de versos más o menos larga, entonces ya tiene más relevancia, se apreciará mejor.

Es por ello que se estudia el ritmo en la métrica: para analizar cómo se produce ese ritmo y cómo el poeta puede intervenir en su formación.

Pero no sólamente se limita el estudio a ese aspecto estético que produce el ritmo. Se estudian además las reglas que regulan la posición de los acentos en el verso y la forma en que se mide el ritmo de un verso.

Ya sabemos que el verso contiene de por sí los esquemas acentuales propios de la versificación en lengua española. Cuando se dice que un acento es obligatorio es por esta razón, porque obedece a esos esquemas que han sido concebidos para que el verso sea armónico, intenso, melodioso, bello, poético en suma. Y es por ello que si el verso no repeta los acentos obligatorios se pierde el ritmo, y con ello la belleza, la armonía, y todo lo demás.

En el siguiente capítulo veremos las reglas del ritmo y su medida.

jueves 19 de febrero de 2009

Taller de poesía (V): Manual básico de poesía. 6º.- El verso. Su ritmo (II)

Seguimos con los acentos. Habíamos visto ya el acento final obligatorio en la 10ª sílaba; el acento fijo del verso, también llamado acento estrófico o rítmico, que es el acento propio de cada tipo de verso y se sitúa sobre una o varias sílabas concretas del verso; y el acento extrarrítmico, que son todos aquellos acentos que pueden ir en el verso adicionalmente, sin tener condición de obligatorios.

(Os iréis dando cuenta de que en métrica casi todos los conceptos pueden ser denominados de varias maneras. Y veréis que constantemente voy indicando, cuando me acuerdo, estas sinonimias. Igual resulta un poco pesado tanta repetición. Lo hago para simplificar y para que si consultáis en otros trabajos sobre métrica podáis relacionar lo que allí se diga con este Manual, aunque las terminologías puedan ser un poco diferentes)

Hay otros acentos. El acento arrítmico es aquel acento que va situado sobre una sílaba que no le corresponde, produciendo el efecto de se quiebra el ritmo del verso. El ejemplo más conocido es el del verso endecasílabo propio cuando los acentos recaen en las sílabas 7ª y 9ª, es decir, en las impares a contar después de la 6ª (la 11ª es irrelevante). Este acento lo veremos cuando entremos en el examen de cada uno de los metros (endecasílabo, octosílabo, alejandrino, etc.). Por ahora sólamente nos interesa saber que este tipo de acento existe y debe ser tenido en cuenta

El acento secundario. Esto es importante. Y fácil. Mirad, por razones fonéticas la lengua española no admite secuencias de más de dos sílabas átonas seguidas, aunque puedan encontrarse excepciones en palabras compuestas o palabras raras. Pero la regla general es que si se juntan tres sonidos átonos consecutivos, uno de ellos, involuntariamente, adquiere acento.

Este el acento secundario, también llamado apoyo, que aunque no tiene una plasmación ortográfica, al hablar lo utilizamos corrientemente debido a las características fonéticas de nuestro lenguaje. Y como la poesía es lenguaje hablado a la vez que escrito ya que se compone para ser recitada, la poesía tiene que tener en cuenta estas características del habla para adaptarlas al lenguaje escrito.

Un ejemplo característico de estos acentos secundarios son las palabras compuestas con el sufijo mente.
Ej.: Rápidamente (RÁ pi da MEN te)

Puede haber palabras que lleven más de un apoyo.
Ej.: Dificilísimamente (di FI ci LÍ si ma MEN te)

Daos cuenta que estas palabras tan largas son versos importantes por sí solas; dificilísimamente tiene ocho sílabas métricas.



Hay algunas situaciones especiales de acentos. Si coinciden juntas dos sílabas tónicas de dos palabras, una de las dos pierde su acentuación, o se atenúa mucho, se hace inaudible la acentuación, aunque lleve tilde ortográfica. ¿Cuál es la que pierde la acentuación? Un ejemplo:

...más lápices...

Vemos que hay dos sílabas tónicas seguidas. Como esto no puede ser en nuestro habla, una de las dos tiene que perder el acento, o rebajarse. ¿Cuál? La que sea menos importante entre las dos palabras. En este caso "más", que es un adverbio y es menos importante que un sustantivo, "lápices".

Pausa y cesura

La pausa es un silencio entre tonos. Se utiliza en el lenguaje y en la literatura para dar o quitar enfásis y otros efectos, y en general para hacer armoniosa la declamación de las palabras y de las oraciones.

Las pausas se marcan gramaticalmente con el punto, la coma y el punto y coma. Es la denominada pausa gramatical. Puede ir al final del verso o en cualquier otro lugar.

La pausa rompe las sinalefas entre versos distintos; sin embargo, dentro del verso no se rompe la sinalefa.

Al final de cada verso hay una pausa "versal", pero no siempre coincide que al final del verso vaya la coma, el punto o el punto y coma.

Cuando esto sucede nos encontramos ante lo que se denomina encabalgamiento, que tiene lugar cuando una oración no termina con el verso sino que acaba en el verso siguiente o más allá incluso.
Ej.:

"La Poesía es la ciencia
exacta que se deduce
del libro de la paciencia"


En este caso no se hace pausa entre los versos al leer, salvo que la última palabra del verso encabalgante termine en vocal y la primera del verso encabalgado empiece por vocal o hache muda, a fin de evitar la sinalefa entre versos (sinafia).

En los versos de tamaño pequeño, versos de arte menor, es muy frecuente que se produzca el encabalgamiento, debido ello al reducido número de sus sílabas.

El encabalgamiento corto, formado por menos de cinco sílabas, se denomina encabalgamiento abrupto.
Ej.:
"La Poesía es la ciencia (8)
exacta...."

Vemos que la oración concluye en "exacta", y que son tres sílabas (e xac ta) las que no han entrado en el primer verso y se han "encabalgado" al segundo.

El encabalgamiento largo es el que está formado por más de cinco sílabas. Se nomina encabalgamiento suave.
Ej.:
"..exacta que se deduce (8)
del libro de la paciencia" (8)

En este ejemplo, el encabalgamiento ocupa todo el verso encabalgado.

Cuando entre pausa y pausa hay menos de cuatro sílabas, a ese espacio de sílabas se le denomina braquistiquio. Normalmente se situa entre verso y verso, y sirve para enfatizar los términos que le anteceden o prosiguen.
Ej.:
" La Poesía vive en tu conciencia, (11)
oculta, pero nace cuando escribes..." (11)


Hay una pausa también al final de cada estrofa, la pausa estrófica, más marcada que la pausa versal. Generalmente va marcada por punto y aparte, aunque también se admite el encabalgamiento entre estrofas, en cuyo caso no se marca la pausa. En ocasiones resulta muy abrupto.

La cesura es una pausa obligada que sólo se produce en los versos largos, o de arte mayor. Los versos menores de nueve sílabas pueden tener pausas interiores o carecer de ellas. Los mayores de esta cantidad, es decir, desde el verso de nueve sílabas en adelante, presentan la particularidad de que para ser recitados necesitan del al menos dos impulsos de voz. A ver cómo explico esto.

Por razones fonéticas nuestro lenguaje articula las oraciones en "metros", en segmentos de palabras que en conjunto vienen a medir siete, ocho sílabas:
Ej.: "La Tierra es un planeta" (7), "Los planetas son esferas" (8) "¿Puedes venir un momento?" (8) "Yo soy una persona que.." (8).

Es decir, hablamos utilizando esquemas preestablecidos, estructuras fonéticas, patrones oracionales que se articulan en segmentos de un tamaño medio en torno a las ocho sílabas. De ahí que en los versos largos de más de ocho sílabas se requiera de al menos dos de estos segmentos oracionales, de dos impulsos fonales, de voz, como decía antes. Y esta exigencia conlleva consigo la necesidad de una pausa estructural en el verso, o cesura, que se deriva de la pronunciación consecutiva de esos dos segmentos.

Esa división del verso en segmentos, esa cesura, puede dar lugar a un reparto por la mitad del verso con dos mitades exactamente iguales (hemistiquios) o a dos mitades heterogéneas, de distinto tamaño (heterostiquios).
Ej.: "La Princesa está triste, que tendrá la Princesa" (14)

En este caso la coma está separando dos segmentos iguales, dos hemistiquios de siete sílabas cada uno.

Pero no siempre esa división, esa pausa fonal, es necesario que sea marcada en el verso por el poeta mediante coma o punto.
Ej.: "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla" (14)

En este ejemplo también hay dos hemistiquios iguales de siete sílabas cada uno pero no hay coma ni aparente pausa. ¿Dónde está la cesura?
Aquí lo que ha hecho el poeta es marcar la cesura con las palabras:

"miin-fan-cia-son-re-cuer-dos" (7) Primer hemistiquio

"deun-pa-tio-de-Se-vi-lla" (7) Segundo hemistiquio.

Es decir, que el poeta combina el orden de las palabras de manera que quede marcada la cesura inmediatamente detrás de la última sílaba de la última palabra del primer hemistiquio; en el ejemplo "recuerdos".

Haced una prueba: recitad este verso en voz alta para que comprobéis que al terminar de pronunciar "recuerdos" se produce una pausa; es como si os detuvieseis por un instante a tomar aliento para seguir recitando.

En este ejemplo hemos visto un caso de dos hemistiquios iguales. Veamos ahora el caso de hemistiquios de distinto tamaño, o más propiamente dicho, heterostiquios.
Ej.: "Yo quiero ser llorando el hortelano" (11)

¿Dónde está aquí la cesura? La cesura estaría, aproximadamente, a continuación de la séptima u octava sílabas, no antes ni después; no hay regla fija ni obligatoriedad. Sólamente os lo digo para que sepáis que hay una cesura natural en todos los versos de medida superior a ocho sílabas. El poeta debe intentar adaptarse a este esquema, pero tampoco es primordial.

"yo-quie-ro-ser-llo-ran-doel (7) Primer heterostiquio
hor-te-la-no (4)" Segundo heterostiquio

Como veis son segmentos de diferente tamaño (heterostiquios). La pausa aquí es casi inapreciable, pero existe.

Observad que en este caso se produce una sinalefa, "doel", justo en la cesura. Entre heterostiquios puede haber sinalefa; es válido.

Sin embargo, para algunos tipos de versos, los versos compuestos, la norma establece que cada hemistiquio opere como si fuera un verso completo, y por ello se miden por separado, independientemente cada uno de los hemistiquios.

No puede haber sinalefa entre los hemistiquios de estos versos, y se les aplican la totalidad de las reglas de medida, incluídas las derivadas de la ley del acento final, de modo que la si la última palabra del hemistiquio es aguda, se añade una sílaba más, y si fuera esdrújula, se le restaría una. Esto lo digo como norma general para hemistiquios en versos compuestos. Más adelante, cuando veamos las clases de versos, veremos que también hay particularidades sobre este tema dependiendo de si los hemistiquios son de un verso alejandrino, dodecasílabo, etc.
Ej.: "Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar"(14)

1º Hemistiquio: ("yes téal par tir la na ve") (7)
2ª Hemistiquio: ("que nun caha de tor na ar") (7)

Como veis, cada hemistiquio ha sido medido independientemente.

En el segundo, acabado en palabra aguda, se añade una sílaba (una vocal tónica, igual a la de la sílaba) para completar las siete. Cada hemistiquio funciona como un verso autónomo. En su interior se producen las sinalefas, o los hiatos u otras figuras, tal y como si fueran un verso completo.

Cuando veamos los versos terminaremos de entender bien todo lo relativo al hemistiquio. Por ahora nos basta con saber de su existencia.

Bien, con esto hemos terminado con esta revisión de normas y particularidades sobre el régimen acentual en palabras y versos. A continuación pasaremos a ver los efectos que los acentos producen en el verso: el ritmo del verso.

miércoles 18 de febrero de 2009

Taller de poesía (V): Manual básico de poesía. 5º.- El verso. Su ritmo (I)

En el primer capítulo de este Manual hemos aprendido que todo verso tiene una medida "métrica" en sílabas, (los más habituales son los de 7, 8, 11, 12), y hemos conocido las normas o convenciones que regulan esa forma de medir: acento final, sinalefa y licencias.

Por lo tanto ya podemos medir un verso.

"Con cien cañones por banda...

Para medir el verso debemos contar las sílabas:

con cien ca ño nes por bán da


Como vemos, resulta un verso de ocho sílabas.

En este caso coinciden el cómputo gramatical y el cómputo métrico. No hay sinalefa.

Vemos que en la segunda sílaba hay un diptongo, y veréis que en la penúltima he señalado el acento para que se vea que se cumple la regla del acento final.

Observamos que cada sílaba contiene una vocal o un diptongo, como sucede en la sílaba 2ª.

Cada sílaba es un golpe de voz que equivale a una unidad fonética del verso.

Seguimos midiendo:


"Viento en popa a toda vela...

vien toen po paa to da la


Ocho sílabas igualmente, pero ahora ya no hay coincidencia entre el cómputo gramatical y el métrico, porque hemos utilizado la sinalefa en las sílabas 2ª y 4ª.

Si no se aplicase esta norma de la sinalefa, el verso tendría diez sílabas.


Un último ejemplo:


"Yo quiero ser llorando el hortelano...


yo quie ro ser llo rán doel hor8ª te10ª no11ª


En este caso tenemos un verso de once sílabas con sinalefa en la 7ª, y observaréis que he acentuado no sólo la penúltima sílaba, sino también la 6ª. ¿Por qué?


Pues, sencillamente, porque vamos a dejar la medida a un lado y vamos a empezar a examinar otro apartado de la métrica que regula lo relativo al acento y al ritmo del verso.

Para que un verso pueda ser considerado correcto métricamente no basta con que se ajuste con exactitud al metro en cuanto a su número de sílabas métricas. No es suficiente. Existen todavía otros requerimientos métricos que debe atender: los acentos.

Sabemos que en la penúltima sílaba métrica va situado obligatoriamente uno de los acentos del verso. Pero no es el único acento; el verso lleva otros acentos, que pueden ser en algún caso obligatorios en determinadas sílabas (como ocurre con el verso endecasílabo), o en otros casos, son acentos aleatorios; bien, pues en el supuesto de que sean obligatorios, el poeta estará obligado a colocar las palabras dentro del verso de modo y manera que el acento obligatorio coincida con la sílaba tónica de la palabra, lleve tilde o no.

"Yo quiero ser llorando el hortelano..

Este es un verso endecasílabo y para este tipo de versos la métrica establece que haya un acento obligatorio o bien en las sílabas 4ª, 8ª y 10ª, ó bien en la 6ª y 10ª. De no cumplirse esta exigencia el endecasílabo no se considera válido.


Pues bien, el poeta ha elegido situar los acentos en 6ª y10ª


yo quie ro ser llo RAN doel hor te LA no


y para ello ha colocado la palabra llorando -una palabra llana de tres sílabas que lleva el acento tónico en su segunda sílaba ( llo RAN do)- en el lugar preciso.

Lo mismo ha hecho con la palabra hortelano, llana de cuatro sílabas, que lleva su acento tónico en la tercera: hor te LA no.

Todas las palabras llevan acento en alguna sílaba. La habilidad del poeta es organizar esos acentos para que se ajusten a lo que pide la norma; que cuando en el verso endecasílabo se llegue a la sílaba 6ª, la palabra que él sitúe en ese lugar tenga el acento en el lugar oportuno para que coincida en esa sílaba en concreto, y para que, además, y esto es lo verdaderamente importante de la métrica, el verso tenga un ritmo adecuado.

(Perdón por la sencillez de los ejemplos y explicaciones)

La cuestión del acento, y sobre todo del ritmo del verso, es lo más relevante de la métrica, la piedra angular del edificio. Comprender bien este aspecto es esencial para componer con belleza el verso. Para ello se requiere una explicación un poco larga que incluye términos un tanto enrevesados.

El Diccionario de la Real Academia define el verso como "Palabra o conjunto de palabras sujetas a medida y cadencia, o solo a cadencia".

Cadencia, según el mismo diccionario, es la "proporcionada y grata distribución o combinación de los acentos y de los cortes o pausas".

Equivale a lo que en métrica se denomina "ritmo" del verso . Esa distribución armoniosa de las palabras dentro del verso, ese ritmo versal, se obtiene mediante la distribución de los acentos, respetando siempre aquellos que sean obligatorios.

En la dicción, en el habla, la función del acento consiste en destacar una sílaba dentro de la palabra, elevándola sobre las demás, señalando una curva o relieve en la línea melódica del sonido de la palabra. Es lo que se denomina técnicamente acento prosódico.

La poesía, que también es palabra oral puesto que se recita, intenta trasladar ese acento prosódico a la escritura. Para ello el poeta debe conocer las reglas de acentuación.

Lo primero que vamos a hacer es ver los acentos.

-Sílabas tónicas y átonas:

sílabas tónicas son aquellas que se pronuncian con acento dentro de la palabra, porque sobre ellas recae el acento prosódico.

Pueden llevar tilde o no, es indiferente.

Sílabas átonas son aquellas que no se acentúan, no se destacan al pronunciarse.
Ej.: Comunidad ( co mu ni DAD) Las tres primeras sílabas son átonas y la última tónica.


Tan sólo una de las sílabas de las que forman la palabra es tónica; las demás son átonas, salvo en las palabras compuestas en mente, que se considera a efectos métricos que tienen dos acentos, uno en la primera sílaba de mén te y el otro en la sílaba donde originalmente lo lleva la palabra compuesta.
Ej.: Rápidamente (RA pi da MEN te)


Métricamente, no puede haber dos sílabas tónicas seguidas, ni tres átonas juntas. Esto es importante y hay que explicarlo bien.

Por razones que se estudiarán más adelante en otro apartado, la versificación en lengua española se basa en núcleos acentuales de dos o tres sílabas, esto es, en troqueos y dáctilos.

¡Que nadie se asuste!, que no pasa nada.

Estos núcleos de sílabas, también llamados pies o claúsulas, constituyen la división rítmica del verso.

Agrupan golpes de dos o tres sílabas en las que se va repitiendo la estructura acentual, y de esa repetición es de donde nace el ritmo.

Por eso los versos pueden tener ritmo trocaico o dactílico. Todo esto se verá en su momento. Por ahora sólo nos interesa saber que:

Troqueos, dos; dáctilos, tres. Troqueos, dos; dáctilos, tres;

Acordaos bien de esto: el troqueo se compone de dos sílabas métricas, una de ellas tónica y la otra átona (le ón, ca sa, fá cil); el dáctilo se compone de tres sílabas métricas, una tónica y dos átonas (mú si ca, ma de ra).

No es conveniente que entremos en este momento a ver los ritmos; es pronto, y nos complicaríamos. Recordad por ahora que, como regla general, métricamente no puede haber ni dos sílabas tónicas seguidas ni tres átonas consecutivas.


Seguimos con los acentos.

-Acentos en el verso: Todos los versos llevan acento en la penúltima sílaba de la última palabra. Este acento es conocido como acento final.

Algunos tipos de versos tienen, además de éste, otro acento obligatorio, el acento fijo del verso, que es el acento propio y exclusivo de ese tipo de verso. Por ejemplo, en el endecasílabo, en 6ª, ó 4ª y 8ª . También se le denomina acento rítmico o constituyente, porque marca el esquema rítmico del verso, estableciendo posiciones fijas y determinando el orden de los troqueos o dáctilos y con ello el ritmo.

El resto de acentos que no sean el acento final y los fijos se denominan acentos extrarrítmicos. Son irrelevantes a efectos métricos, pero si el poeta los sitúa ordenadamente para que se adapten en lo posible al esquema rítmico del verso, la composición gana muchísimo en belleza. Para ello hay que entender bien lo de los troqueos, pero eso tiene que ser más adelante.

Por el momento lo dejamos aquí y mañana seguimos con los acentos.

Taller de poesía (V): Manual básico de poesía. 4º.- El verso. Su medida (III)

Las licencias métricas son atribuciones que el poeta se toma para modificar alguna norma métrica.

Consisten en excepciones a las reglas de medida que vamos examinando en este capítulo, y tienen lugar cuando el poeta, por su voluntad, altera irregularmente el orden normal del método métrico en algún verso, normalmente para conseguir encajar el verso a sus exigencias de medida, acento y ritmo.

Las licencias métricas afectan fundamentalmente a la sílaba. Vamos a verlas una por una.

La sinalefa y el hiato, que ya hemos analizado, pueden ser licencias, si el poeta las utiliza apartándose o contraviniendo las reglas que ordenan su utilización normal.

Las sinalefas claras, o "de oído"(entre vocal fuerte y débil), se consideran obligatorias. Cuando el poeta "rompe" esta sinalefa a la que obliga la necesidad fonética de nuestro lenguaje oral, que es la finalidad de la métrica, adaptar la dicción a la escritura del poema, lo que está haciendo es utlizar una licencia.

Tomamos como ejemplo .. La Princesa está triste..

Ya sabemos que aquí hay una sinalefa entre princesa y está (..prin ce SAES tá...). Este es un verso de siete sílabas (realmente es la mitad o hemistiquio de un verso mayor de catorce sílabas, La Princesa está triste, qué tendrá la Princesa).
Bien, pues supongamos que el poeta necesitase que el verso tuviese ocho sílabas, pero sin introducir ninguna palabra más.
En este caso lo que puede hacer es alargar en una sílaba el verso rompiendo esa sinalefa clara que existe. Entonces el verso tendría que ser pronunciado ...prin ce SA - ES tá tris te... (haced la prueba en voz alta; suena inármonico, ¿verdad?)

Para este caso no hay signo ortográfico que señale esta circunstancia. Lo sabremos sólamente por el oído, ya que si vamos leyendo una serie de versos todos iguales de ocho sílabas (p. ej.) y de repente leemos uno que parece que sólo tiene siete (lo cual notaremos por el oído) tenemos que llegar a la conclusión de que el poeta ha roto la sinalefa de propósito.
A esta licencia de romper las sinalefas se le denomina dialefa.

Otra licencia es la sinéresis. Es muy parecida a la sinalefa, de la que se distingue en que tiene lugar no entre dos palabras distintas como en el caso de la sinalefa, sino en el seno de una sola palabra. Consiste en que el poeta construye un diptongo artificial donde no lo hay.
Ej.: ...era de León la niña.. (le ón)

Imaginemos que al poeta le sobra una sílaba en el verso donde van estas palabras. ¿Qué puede hacer? Pues, por ejemplo, tomarse la licencia de usar la sinéresis con la palabra León, que tiene dos sílabas, y reducirla a una sóla: ..era de lión la niña...

Otro ejemplo: ...que no tiene un "rial"...

Técnicamente, lo que hace el poeta es construir un diptongo donde hay un hiato, rebajando una de las dos vocales que forman ese hiato, concretamente, la vocal no tónica o átona, En el caso de León y Real esa vocal átona es la e, que el poeta debilita transformándola en una vocal débil, la i (lión, rial).

Veamos otro ejemplo: Héroe, palabra esdrújula, con sinéresis resultaría herue, palabra llana.

La sinéresis puede marcarse ortográficamente por medio de comillas (") o mediante la letra cursiva.

Y al igual que lo contrario de la sinalefa (creación artificial de diptongo entre dos palabras distintas) era la dialefa (ruptura de las sinalefas obligatorias de oído), lo contrario de la sinéresis (creación artificial de un diptongo dentro de una sola palabra) es la diéresis, es decir, la ruptura de un diptongo existente dentro de una palabra. El ejemplo tradicional:

...del mundanal rüido.. (del mun da nal ru í do)

En la diéresis, técnicamente, lo que el poeta hace es destruir un diptongo convirtiendo en tónica a la vocal átona, aumentando su timbre, es decir, todo lo contrario que en la sinéresis donde se rebaja el timbre a esa misma vocal átona (rial por real)

Bien, hemos visto pues las licencias que afectan a sílabas con diptongo. Veamos otras licencias que afectan a sílabas sin diptongo.

Si se trata de suprimir sílabas tenemos la aféresis, la síncopa y el apócope, y si de añadir, la prótesis, la epéntesis y la parágoge.
Estas licencias se denominan metaplasmos.

-Aféresis: supresión de una sílaba al principio de la palabra

Ej.: ..Noramala.. en lugar de Enhoramala.

-Síncopa: supresión de silaba en medio de la palabra

Ej.: ..Espirtu.. en lugar de Espíritu.

-Apócope: supresión de sílaba a final de palabra

Ej.: ..Buen.. en lugar de Bueno.

Una modalidad de apócope, aunque no son exactamente lo mismo, son los versos de cabo roto:

Advierte que es desati-
siendo de vidrio el tejá-
tomar piedras en la má-
para arrojar al veci-...

-Prótesis: adición de una sílaba al principio de palabra

Ej.: ..Arrecoger en lugar de Recoger.

-Epéntesis: adición de silaba en el medio de palabra

Ej.: .. Ingalaterra por Inglaterra, o Coronista por Cronista.

-Parágoge: adición de sílaba al final de palabra

Ej.: ..Infelice en lugar de Infeliz

Hemos visto ya, pues, las licencias métricas. Son recursos, como veis, de la poesía antigua y popular, fundamentalmente. Hay que tener mucho cuidado con utilizar este tipo de recursos a la hora de hacer un poema porque pueden arruinar todo el trabajo.

Por lo tanto podemos decir que terminamos este primer capítulo dedicado a la medida dentro del examen de lo que es el verso. Recapitulemos:

- Hemos visto la diferencia entre el cómputo gramatical y el cómputo métrico (escansión) de los versos, que se diferencian en que el conteo métrico adopta las reglas de la ley del acento final, de la sinalefa y de las licencias métricas, mientras que el cómputo gramatical sencillo no tiene en cuenta estos elementos.

-Es decir, que hemos completado el examen sobre las normas métricas que afectan a la medida del verso. En el siguiente capítulo pasaremos a ver las normas que afectan al acento y ritmo del verso.